Crónica de un robo anunciado
Que el traslado de la Escuela de Trabajo Social desde Linares a Jaén era la crónica de un traslado anunciado, lo veníamos barruntando a tenor de cómo se han venido desarrollando los acontecimientos en los últimos meses. El Consejo de Gobierno de la Universidad de Jaén no hizo el pasado miércoles día 30 sino hacerse un regalo 'generoso' a sí mismo y al Campus de 'Las Lagunillas', ratificando una decisión tomada interesadamente (remarcó lo de interesadamente) meses atrás por la Junta del profesorado y dirección del centro de esta Escuela. Y sobre todo a través de la valoración de las declaraciones que el Rector de la Universidad de Jaén, Luis Parras Guijosa, ha venido haciendo a los medios de comunicación en este sentido. O como suena eso de que la prioridad, en estos momentos, pasa por la Escuela Politécnica de Jaén y el Campus de 'Las Lagunillas', con esa apostilla de «se hará cuando se pueda», respecto del Campus de Linares. Es decir, Linares puede esperar, que suena a aplazamiento hasta el olvido.
Todo eso, obviamente, no resta ni un ápice de responsabilidad al consejo de gobierno de la Universidad de Jaén sobre la decisión tomada. Como tampoco resta ni un gramo de responsabilidad sobre esta cuestión a la Consejería de Innovación, Desarrollo Tecnológico y Universidades de la Junta de Andalucía, última y máxime responsable política de esta decisión, y desde donde se miraba para otro lado mientras todo esto se iba cuajando.
La Escuela de Trabajo Social no llegó a Linares por la 'gracia' o la generosidad de ningún Rector, de ningún Consejero, de ningún político turnista. Esta Escuela se implantó (digo bien, implantó, comenzó, se inició, se abrió camino en Linares) como un óbolo, digamos de intercambio, en el que a los linarenses nos suponían y nos suponíamos perdedores por renunciar a la Escuela de Magisterio 'Antonia López Arista', con una amplia trayectoria en nuestra ciudad. Y aquí fueron creciendo, consolidándose, hasta llegar a los casi cuatrocientos alumnos que tienen hoy. Y sobre todo hasta alcanzar esa importancia que tienen entretejida a la vida educativa, social, laboral, económica... de nuestra ciudad, como quedó demostrado con el apoyo que miles de linarenses dimos a esa manifestación del pasado día 28 de octubre.
Por todo eso la pérdida de la Escuela de Trabajo Social sabe peor y a derrota colectiva de una ciudadanía harta ya de estar harta y cansada de aguantar, por un lado, las promesas y los plazos sistemáticamente incumplidos sobre los proyectos para el Campus Universitario, para la llegada de otras titulaciones; por otro, de que su voz quede al aire, sin repercusión, como una nadería, desoyendo a su tejido representativo y social. Por eso y porque esto culmina una estrategia de pérdidas continuadas en el tiempo en ese objetivo de centralismo provincial que anima a la Junta de Andalucía y que ha evitado durante muchos años que Linares tenga una representación más esencial y objetiva en el panorama provincial y autonómico, la que le corresponde como segunda ciudad de la provincia por infraestructuras, peso económico, número de habitantes, ubicación geográfica, etc., en todos los ámbitos. ¿Por qué, por ejemplo, no se instaló en Linares la Delegación de alguna Consejería? ¿Por qué hemos dejado al olvido el peso específico de Linares en las Instituciones culturales provinciales? ¿Por qué no supone ninguna prioridad la remodelación de su red viaria: enlace por autovía con la N-IV desde el polígono industrial 'Los Jarales', el adecentamiento de acceso a dicho polígono, el desdoblamiento de la N-322, etc.? ¿Por qué...?
No. No son agravios comparativos, ni se deben encuadrar estas reivindicaciones como tales, sino como las aspiraciones legítimas y lógicas de un pueblo y una ciudad que se ve sorprendida permanentemente por estos y muchos olvidos más. Linares sabe bien que tiene tres ejes esenciales de futuro: la industria, el desarrollo comercial y la potenciación de su Universidad. Pero por lo visto esto último no encaja bien con los planes que se entretejen desde otros despachos, lejos de Linares, con unos planes que no juegan precisamente a despejar y favorecer su futuro, entre los que entran sus estudios universitarios, como el caso que nos ocupa, lo que supone un revés de cercenamiento de un elevado porcentaje de su alumnado universitario. Porque este traslado es otro capítulo, otra vuelta de tuerca de cómo se van distorsionando los estudios universitarios en Linares, alejándose de su futuro prometido.
Supongo, comprendo y entiendo el tremendo enfado del Alcalde, Juan Fernández. Yo, como linarense, como todos los linarenses sentimos el mismo enfado que él. Y desde aquí quiero expresarle mi solidaridad y apoyo como máximo y democrático representante de nuestra ciudad. A él, a su grupo político, y a todos los grupos políticos y sociales de la ciudad, empeñados en la razón de defender el presente y el futuro de Linares. Pero ante todo esto no cabe rasgarse las vestiduras, ni abrigarse con la obediencia partidista debida, ni insultar el malditismo de cierta mala suerte que ocurre no se sabe bien en nombre de qué incierto destino, ni aceptar como un designio sin respuesta posible lo que los linarenses no hemos decidido. Sino por el contrario, canalizar la fuerza reivindicativa en acciones políticas y sociales. No me queda ninguna duda de que los linarenses, con sus representantes políticos a la cabeza, sus asociaciones sociales, su tejido colectivo, la ciudadanía en general, sabrán dar la respuesta adecuada, sin fisuras, a esta decisión, como ya lo han hecho en otras situaciones tan difíciles como esta. ¿O no es una aspiración lícita y legítima que una ciudad defienda, se resista a perder, lo que nadie nos regaló, levantó de la nada, apoyó y está incrustado en su tejido social?
LORENZO MARTÍNEZ AGUILAR/PRESIDENTE DE LA ASOCIACIÓN EN DEFENSA DEL PATRIMONIO CULTURAL DE LINARES 'QASTULUNA'
Publicado en «Linares Día a Día» el 28.4.05
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